Fantaisie

Marie y el Valle de las Sonrisas

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Marie y el Valle de las Sonrisas

Había una vez, en un mundo mágico donde los árboles susurraban secretos y los ríos cantaban melodías, una niña llamada Marie. Marie era curiosa y valiente, con un corazón tan grande como su sed de aventuras. Un día, mientras exploraba el bosque cercano a su casa, encontró un sendero oculto entre los arbustos que nunca había visto antes.

Con paso decidido y una sonrisa que reflejaba su emoción, Marie comenzó a seguir el camino. Este la llevó a un valle desconocido, lleno de flores que brillaban con luz propia y animales que hablaban. Era el Valle de las Sonrisas, un lugar donde la gentileza era la llave para la verdadera magia.

Mientras caminaba asombrada por este nuevo mundo, Marie se encontró con un pequeño pájaro de plumas azules, que parecía tener problemas para volar. El pájaro le explicó que había perdido una de sus plumas mágicas y, sin ella, no podía volver a su nido en lo alto de los árboles mágicos.

Marie, movida por la necesidad de ayudar, decidió emprender la búsqueda de la pluma mágica. Durante su travesía, se encontró con varios habitantes del valle: un conejo que había perdido su zanahoria de cristal, una mariposa que no podía encontrar el camino de regreso a su hogar, y un viejo roble que ansiaba oír una historia humana.

A cada uno de ellos, Marie les ofreció su ayuda sin pensarlo dos veces. Buscó la zanahoria de cristal hasta encontrarla oculta bajo una hoja de trébol gigante, guió a la mariposa a su hogar siguiendo el brillo de las estrellas, y compartió la más fantástica de las historias humanas con el viejo roble, quien escuchaba emocionado.

Después de ayudar a sus nuevos amigos, Marie finalmente encontró la pluma mágica, brillando con luz propia entre las raíces de un árbol centenario. Con alegría en su corazón, regresó junto al pájaro y le entregó su preciada pluma.

El pájaro, agradecido, reveló que era el guardián del valle y que la verdadera magia del lugar no provenía de sus flores luminosas o sus ríos cantores, sino de los actos de gentileza de aquellos que lo habitaban. Marie había pasado la prueba más importante: la de la bondad.

Como agradecimiento, el guardián le ofreció a Marie un regalo: un pequeño colgante en forma de corazón que le permitiría volver al Valle de las Sonrisas siempre que lo deseara. Pero lo más importante, le dijo, era que llevase la magia de la gentileza de vuelta a su mundo.

Marie regresó a su casa esa noche con el colgante brillando suavemente en su cuello, decidida a compartir la lección que había aprendido. En los días que siguieron, Marie se convirtió en un ejemplo de gentileza, ayudando a sus amigos y familiares, siempre con una sonrisa.

Con el tiempo, la gentileza de Marie se contagió, transformando su pequeño rincón del mundo en un lugar más brillante y feliz. Y así, sin siquiera darse cuenta, Marie había traído un poco del Valle de las Sonrisas a su hogar.

Y aunque vivió muchas más aventuras a lo largo de los años, Marie nunca olvidó la lección más importante: la verdadera magia se encuentra en los actos de gentileza y en las sonrisas que estos pueden traer. Y con su colgante siempre alrededor de su cuello, sabía que siempre llevaría un pedazo del valle mágico con ella, dondequiera que fuera.

Así termina la historia de Marie y el Valle de las Sonrisas, un cuento que nos recuerda que, sin importar dónde estemos, siempre podemos hacer del mundo un lugar mejor, un acto de gentileza a la vez.


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