Rex era un pequeño tiranosaurio con un gran sueño: quería volar.
Todos los días miraba a los pterodáctilos surcar el cielo y suspiraba. "Yo también quiero volar", decía.
Su mamá le decía: "Rex, los tiranosaurios no vuelan. Somos fuertes y rápidos en tierra."
Pero Rex no se rendía. Primero intentó saltar desde una roca. ¡PLAF! Cayó en un arbusto.
Luego intentó hacer alas con hojas grandes. El viento las llevó volando, pero él se quedó en el suelo.
Un día conoció a Alita, una pterodáctilo amigable. "¿Por qué quieres volar?", le preguntó.
"Porque desde arriba todo debe verse hermoso", respondió Rex.
Alita tuvo una idea. "¡Súbete a mi espalda! Te llevaré a volar."
Rex trepó con cuidado y Alita despegó. El pequeño tiranosaurio no podía creer lo que veía: montañas, ríos, bosques... ¡todo era mágico desde el cielo!
"¡Estoy volando! ¡Estoy volando!", gritaba emocionado Rex.
Cuando regresaron, Rex agradeció a su nueva amiga. "Aprendí que no necesito alas para volar. Solo necesito buenos amigos."
FIN