Lila era una niña curiosa que un día encontró un camino escondido en el bosque cerca de su casa.
El camino brillaba con un polvo dorado que parecía invitarla a seguirlo. Sin pensarlo mucho, Lila comenzó a caminar.
De repente, llegó a un claro donde todo brillaba. Había flores del tamaño de paraguas, hongos que cantaban y pequeñas luces que volaban por todas partes.
"¡Son hadas!", exclamó Lila maravillada.
Las hadas se reunieron alrededor de ella. La más pequeña, llamada Destello, se posó en su hombro. "Bienvenida al Bosque Encantado. Somos las guardianas de la naturaleza."
Las hadas le mostraron cómo cuidaban las plantas, limpiaban los arroyos y ayudaban a los animales. Pero Lila notó que algunas hadas eran muy traviesas: escondían cosas, hacían bromas y se reían mucho.
"¿Por qué son tan traviesas?", preguntó Lila.
La reina de las hadas, Luminosa, explicó: "La alegría y la risa son mágicas. Mantienen vivo el bosque. Pero hay una regla importante: nunca hacer bromas que lastimen a otros."
Lila pasó todo el día con las hadas aprendiendo sobre la importancia de cuidar la naturaleza y de ser feliz de manera responsable.
Cuando llegó la hora de partir, las hadas le regalaron un collar con polvo de hadas. "Cada vez que lo toques, recuerda cuidar nuestro mundo."
Lila regresó a casa, pero desde ese día visitaba el bosque seguido, siempre cuidando de no contar el secreto de sus amigas mágicas.
FIN