En una ciudad llena de colores y alegría, vivía una niña llamada María. María tenía una curiosidad que iluminaba todo a su alrededor, como si dentro de ella llevara una pequeña linterna que la guiaba hacia nuevas aventuras. Junto a su mejor amiga Roxana, exploraba cada rincón de su mundo, buscando respuestas a todas las preguntas que surgían en su mente.
Un día soleado, mientras paseaban por un parque olvidado al final de la ciudad, encontraron una puerta pequeña y antigua escondida entre las raíces de un árbol gigante. '¿Qué será esto?', se preguntó María, su curiosidad brillando más intensa que nunca. Roxana, igual de intrigada, respondió, 'No lo sé, pero hay algo mágico en esta puerta. ¿Te atreves a abrirla?'
Con un empujón suave, la puerta se abrió chirriando, revelando un jardín secreto donde las flores cantaban y los árboles contaban historias. '¡Es el Jardín de las Curiosidades!', exclamó una voz dulce. Era el Guardián del Jardín, un pequeño duende con ojos chispeantes. 'Este jardín existe para aquellos que son lo suficientemente valientes para seguir su curiosidad.'
María y Roxana, emocionadas, siguieron al duende a través de senderos rodeados por plantas que susurraban palabras de sabiduría. Llegaron a un claro donde un árbol muy especial crecía. Era el Árbol de las Preguntas, cuyas hojas eran preguntas aún sin respuesta. 'Aquí, cada fruto nace de una pregunta hecha con verdadera curiosidad,' explicó el duende, señalando los frutos brillantes que colgaban de las ramas.
'¿Cómo podemos hacer una pregunta al árbol?', preguntó Roxana, mirando los frutos con fascinación. 'Simplemente coloca tu mano sobre su tronco y formula tu pregunta en el corazón,' respondió el duende. María, con una pregunta ardiente en su interior sobre el misterio de crecer, acercó su mano al árbol. '¿Qué sucede cuando empezamos a crecer?', pensó con todo su corazón.
De repente, un nuevo fruto comenzó a formarse, brillando intensamente antes de caer en sus manos. Al abrirlo, dentro encontraron un libro pequeño titulado 'El Viaje del Crecer'. Juntas, maravilladas, comenzaron a leer. El libro les explicaba, con palabras sencillas y dibujos mágicos, los cambios que vivirían en su cuerpo y mente a medida que crecían, tratando el tema de la menstruación y otros cambios de forma natural y sin temores.
'¡Cuánto hay por aprender y descubrir!', exclamó María, sintiéndose más preparada y emocionada por las aventuras que el crecer traería. 'Y todo gracias a nuestra curiosidad,' añadió Roxana, sonriendo. Agradecieron al duende y al Árbol de las Preguntas, prometiendo nunca perder la valentía de preguntar y explorar.
Al salir del jardín, notaron que el mundo exterior no había cambiado, pero ellas sí. Llevaban consigo el regalo más precioso: el conocimiento y la certeza de que su curiosidad las llevaría a descubrir los secretos más maravillosos de la vida.
Desde ese día, María y Roxana se convirtieron en las mayores aventureras de la curiosidad en su ciudad, recordando siempre que detrás de cada esquina, pregunta o puerta pequeña, podía haber un mundo nuevo esperando por ser descubierto. Y así, llenas de coraje y alegría, continuaron explorando juntas, seguras de que la magia de preguntar es el primer paso hacia todas las respuestas.